Resumen evangelio de san juan capítulo 18: arresto, interrogatorio y negación

En el capítulo 18 del Evangelio de San Juan, se relatan los eventos que ocurrieron durante la entrega y arresto de Jesús, su interrogatorio y tortura ante Anás y Caifás, y su comparecencia ante Pilato. Este capítulo nos presenta la traición de Judas, la negación de Pedro y el juicio injusto al que Jesús fue sometido.

Índice
  1. Jesús es entregado y arrestado
  2. Interrogatorio y negación de Pedro
  3. Jesús comparece ante Pilato

Jesús es entregado y arrestado

Después de haber hablado a sus discípulos, Jesús salió con ellos al otro lado del arroyo Cedrón, donde había un huerto al que solían ir. Judas, quien iba a entregar a Jesús, conocía este lugar y llevó consigo a un grupo de soldados y guardias de los principales sacerdotes y fariseos, armados con linternas, antorchas y armas.

Jesús, sabiendo todo lo que le iba a suceder, se adelantó y les preguntó a quién buscaban. Cuando respondieron que buscaban a Jesús de Nazaret, Él les dijo yo soy. En ese momento, retrocedieron y cayeron a tierra. Jesús les volvió a preguntar a quién buscaban y nuevamente respondieron que buscaban a Jesús de Nazaret. Él reafirmó su identidad y les pidió que dejaran ir a sus discípulos para que se cumpliese la palabra que había dicho: de los que me diste, no perdí ninguno.

En un intento por defender a Jesús, Pedro sacó una espada y cortó la oreja derecha de un siervo del sumo sacerdote llamado Malco. Sin embargo, Jesús le ordenó a Pedro que guardara su espada, y sanó la oreja del siervo. Jesús fue entonces arrestado por los soldados y atado.

Interrogatorio y negación de Pedro

Jesús fue llevado primero ante Anás, suegro de Caifás, quien era el sumo sacerdote en ese año. Caifás había dado el consejo de que convenía que un hombre muriera por el pueblo. Mientras tanto, Pedro y otro discípulo setutorialn a Jesús. El otro discípulo era conocido del sumo sacerdote y pudo entrar con Jesús al patio, pero Pedro se quedó fuera.

Una criada portera reconoció a Pedro y le preguntó si también era discípulo de Jesús. Pedro negó conocer a Jesús. Mientras tanto, los siervos y guardias que estaban allí prendieron fuego para calentarse debido al frío, y Pedro se quedó de pie junto a ellos calentándose. El sumo sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y su doctrina, a lo que Jesús respondió que siempre había enseñado abiertamente en las sinagogas y en el templo, y que aquellos que habían oído sus enseñanzas sabían lo que Él había dicho.

En ese momento, uno de los guardias le dio una bofetada a Jesús, y Jesús le respondió diciendo que si había hablado mal, que dieran testimonio de lo que estaba mal, pero si había hablado bien, ¿por qué lo golpeaban? Anás entonces envió a Jesús atado a Caifás, el sumo sacerdote.

Mientras tanto, Pedro continuaba de pie calentándose, y le preguntaron nuevamente si era discípulo de Jesús. Pedro negó conocer a Jesús por segunda vez. Uno de los siervos del sumo sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro había cortado la oreja, le preguntó si no lo había visto en el huerto con Jesús. Pedro negó conocer a Jesús por tercera vez, y en ese momento cantó el gallo.

Jesús comparece ante Pilato

Jesús fue llevado desde Caifás hasta el pretorio de Pilato, pero los judíos no entraron en el pretorio para no contaminarse y poder comer la Pascua. Pilato salió y les preguntó qué acusación traían contra Jesús. Ellos respondieron que si Jesús no fuera malhechor, no lo habrían entregado.

Pilato les dijo que lo tomasen y lo juzgasen según su ley, pero los judíos le dijeron que ellos no tenían autoridad para dar muerte a nadie. Esto se hizo para que se cumpliese la palabra que Jesús había dicho, dando a entender de qué muerte habría de morir.

Pilato volvió a entrar en el pretorio y llamó a Jesús, preguntándole si era el Rey de los judíos. Jesús le respondió preguntándole si lo decía por sí mismo o porque otros se lo habían dicho. Pilato le dijo que no era judío y que los principales sacerdotes lo habían entregado a él. Jesús respondió que su reino no era de este entorno y que Él había venido al entorno para dar testimonio de la verdad. Pilato le preguntó qué era la verdad, y luego salió a los judíos y les dijo que no hallaba en Jesús ningún delito.

Finalmente, Pilato les propuso que suelten al Rey de los judíos como era su costumbre en la Pascua, pero ellos clamaron por Barrabás en lugar de Jesús. Barrabás era un ladrón.

En el capítulo 18 del Evangelio de San Juan, vemos cómo Jesús es entregado y arrestado, sometido a interrogatorios injustos y a la negación de Pedro. A través de estos eventos, se nos enseña la importancia de confiar en la gracia de Dios y no en nuestras propias fuerzas. Pedro, al tratar de hacer algo por Jesús, terminó hiriendo al siervo del sumo sacerdote y negando a su Maestro. Sin embargo, más adelante vemos cómo Dios utiliza a Pedro a pesar de sus debilidades y lo establece como un siervo valioso en el libro de los Hechos.

Es importante comprender que no es por nuestras acciones perfectas o nuestra fidelidad que somos utilizados por Dios, sino por su gracia. Debemos reconocer nuestra debilidad y confiar en el poder de Dios para trabajar a través de nosotros. La verdadera vida de fe no se trata de hacer cosas por Dios, sino de rendirnos ante Él y permitir que Él obre en nosotros y a través de nosotros.

El capítulo 18 del Evangelio de San Juan nos muestra la entrega y arresto de Jesús, su interrogatorio y tortura, la negación de Pedro y su comparecencia ante Pilato. A través de estos eventos, se nos enseña la importancia de confiar en la gracia de Dios y no en nuestras propias fuerzas. Debemos reconocer nuestra debilidad y permitir que Dios obre en nosotros y a través de nosotros.

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