Entierro prematuro: temor y moda funeraria en el siglo xix

El entierro prematuro fue motivo de preocupación dentro de la población y la profesión médica durante el siglo XIX. Escritores como Edgar Allan Poe avivaron el temor con horribles historias de entierros y experiencias cercanas a la muerte, miedo que no era simplemente un producto del sensacionalismo literario, sino que se basaba en la incertidumbre médica legítima de la época.

Índice
  1. La Catalepsia: La Muerte Aparente
  2. La Moda Funeraria del Siglo XIX
  3. El Fin del Miedo al Entierro Prematuro
  4. Consultas Habituales

La Catalepsia: La Muerte Aparente

La catalepsia, como se conoció a la muerte aparente, se trata de un estado biológico en el cual una persona yace inmóvil, en aparente muerte, y sin signos vitales, cuando en realidad se halla en un estado consciente que puede, a su vez, variar en intensidad. Es una condición que puede tener origen en otras enfermedades como el mal de Parkinson, la epilepsia, ciertos trastornos psicológicos –como la esquizofrenia- y el consumo de drogas duras, como la cocaína.

En algunos casos, el individuo puede presentar signos vitales, pero es incapaz de controlar sus extremidades. Se caracteriza por una rigidez corporal, donde no hay respuesta a los estímulos; la respiración y el pulso se vuelven muy lentos; y la piel se vuelve pálida, lo que hace creer que quien ha sufrido un ataque de catalepsia ha muerto. En muchos casos, este fenómeno llevó a enterrar a personas que aún estaban con vida y que despertaron bajo tierra varios días después.

“Ser enterrado vivo es, sin ningún género de duda, el más terrorífico extremo que jamás haya caído en suerte a un simple mortal. Que le ha caído en suerte con frecuencia, con mucha frecuencia, nadie con capacidad de juicio lo negará. Los límites que separan la vida de la muerte son, en el mejor de los casos, borrosos e indefinidos... ¿Quién podría decir dónde termina uno y dónde empieza el otro? Sabemos que hay enfermedades en las que se produce un cese total de las funciones aparentes de la vida, y, sin embargo, ese cese no es más que una suspensión, para llamarle por su nombre. Hay sólo pausas temporales en el incomprensible mecanismo. Transcurrido cierto período, algún misterioso principio oculto pone de nuevo en movimiento los mágicos piñones y las ruedas fantásticas. La cuerda de plata no quedó suelta para siempre, ni irreparablemente roto el vaso de oro. Pero, entretanto, ¿dónde estaba el alma?”, decía Edgar Allan Poe en su Entierro Prematuro, cuento que fue publicado por el autor en 1844, en el periódico The Philadelphia Dollar Newspaper, cuando el miedo al enterramiento en vida era muy común en la época.

La Moda Funeraria del Siglo XIX

Comenzó a instaurarse una moda funeraria. Los ataúdes a menudo se equipaban con complejos artilugios que posibilitasen a aquel que lo necesitara pedir ayuda en tan terrorífica circunstancia. El doctor Jan Bondeson, especialista en reumatología, medicina interna y doctor en medicina experimenta, en su libro Gabinete de curiosidades médicas dedica un capítulo a la muerte prematura. En él narra que en Inglaterra se puso de moda los ataúdes provistos del campanario de Bateson para volver a la vida, una campana de hierro que colocada en un campanil diminuto, cuya cuerda estaba unida a las manos del presunto cadáver a través de un orificio de la tapa. Por su alto costo, este mecanismo fue adquirido sólo por los caballeros victorianos.

Paralelo a esto, los médicos plantearon que sólo la putrefacción y la aparición de manchas eran signos seguros de que el individuo había muerto realmente. Por esa razón, los cuerpos comenzaron a ser velados por sobre los seis días, para asegurar así la verdadera muerte.

También se usaron métodos más rudimentarios como la utilización de fármacos que provocaban el estornudo y la secreción nasal; la irritación de los intestinos con enemas corrosivos; o la perturbación sonora de los oídos. Si el cadáver soportaba estos métodos de resurrección brutales se pasaba a otro tipo de experiencias peores como el corte de las plantas de los pies con navajas o la introducción de agujas largas bajo las uñas de pies y manos. Incluso en la Inglaterra victoriana, en 1896, se fundó la Society for the Prevention of People Being Buried Alive (la Sociedad para la prevención del enterramiento prematuro), que con publicaciones mensuales entregaba datos importantes sobre este síndrome.

El Fin del Miedo al Entierro Prematuro

Después de la Primera Guerra Mundial, el miedo de la gente a ser enterrada viva disminuyó. A pesar de algún informe ocasional de que un presunto cadáver volvió a la vida en la morgue o incluso en el ataúd, el tema estaba perdiendo su poder de fascinación. A pesar de eso, la venta de ataúdes de seguridad patentados continuó.

el entierro prematuro resumen - Cómo se llama el nombre de la enfermedad en el entierro prematuro

Antiguamente, los casos de confusión de muerte con catalepsia eran algo bastante corriente. Sin embargo, en las últimas décadas, los avances tecnológicos han hecho casi imposible una confusión de este tipo. De todas maneras, en algunos países existen ataúdes con sensores de movimiento, los que terminarían con estos casos de vida en suspenso.

Consultas Habituales

  • ¿Qué es el entierro prematuro?
  • El entierro prematuro es el acto de enterrar a una persona que aún está viva, debido a la confusión de la muerte con la catalepsia.

  • ¿Qué es la catalepsia?
  • La catalepsia es un estado biológico en el cual una persona yace inmóvil, en aparente muerte, y sin signos vitales, cuando en realidad se halla en un estado consciente que puede variar en intensidad.

  • ¿Cuáles son los síntomas de la catalepsia?
  • Los síntomas de la catalepsia incluyen rigidez corporal, falta de respuesta a los estímulos, respiración y pulso lentos, y palidez en la piel.

  • ¿Cuáles son las causas de la catalepsia?
  • La catalepsia puede tener origen en otras enfermedades como el mal de Parkinson, la epilepsia, trastornos psicológicos y el consumo de drogas duras.

El entierro prematuro fue un tema de preocupación y miedo durante el siglo XIX, debido a la confusión de la muerte con la catalepsia. Los avances tecnológicos y médicos han hecho casi imposible una confusión de este tipo en la actualidad. A pesar de eso, el miedo al entierro prematuro ha dejado un legado en la moda funeraria del siglo XIX y en la creación de ataúdes de seguridad. Hoy en día, los casos de entierro prematuro son extremadamente raros, pero existen medidas de seguridad, como los ataúdes con sensores de movimiento, para prevenirlos.

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