Hoy quiero leer... Adiós a las armas!


Hola, ¿Hemingway? Otra vez me hiciste querer revolear un libro tuyo por la ventana. Y si, aunque intenté con todas mis ganas no ser como Pat Solitano, no pude no despertar a novio en la mitad de la noche para contarle lo indignada que estaba con el final. 

Adiós a las Armas (A Farewell to Arms) es uno de los clásicos de la literatura norteamericana, escrito por Ernest Hemingway en el año 1929. Cuenta la historia de Frederick Henry, un teniente de la Primera Guerra Mundial que, luego de ser herido en una avanzada enemiga, es enviado a un hospital donde se enamora de la enfermera Catherine Barkley (hasta acá venimos bien).



Es un libro fácil de leer y muy entretenido. Lejos de complicarse la vida, se nota en su escritura que Hemingway era un tipo sin muchas vueltas: las cosas se decían como se debían decir y punto. Adiós a las Armas tuvo que ser editado por el uso de palabras que (en su momento) no parecía muy ético decirlo, pero se corre la bola de que todavía andan dando vueltas por el mundo dos versiones originales de la novela.

Me encantó. ¿Por qué? Por la historia (1° Guerra, mucho dato histórico), por su simplicidad a la hora de escribir, y porque es un libro (se podría decir) que medio autobiográfico. Hemingway estuvo en la Primera Guerra como conductor de ambulancias. Al parecer ahí fue donde se enamoró de una enfermera siete años mayor que él que lo dejó plantado en el altar tras decirle que se había comprometido con un oficial italiano (mirá lo que se perdió, la muy zorra JA!).


Así, Hemingway no solo comenzó una vida de romances inconclusos, sinó que también escribió a modo de despecho, una de las más soberbias obras de la literatura mundial. Su estilo sobrio hace que no puedas despegarte de sus hojas, y la narrativa precisa hace que 2 horas de lectura parezcan solo 10 minutos. 

Este libro fue uno de los clásicos que más me gusto. Si, aunque lo hubiera tirado por la ventana al terminar de leerlo. Si, aunque me haya indignado ese final tan simple (despEJEMchoEJEM). Me hubiera gustado que este genio nos siga deleitando con sus obras, pero decidió (como siempre) dejarnos con las ganas. Y Adiós a las Armas es una prueba en papel de esto. 

Albertina. 




Hola, ¿Hemingway? Otra vez me hiciste querer revolear un libro tuyo por la ventana. Y si, aunque intenté con todas mis ganas no ser como Pat Solitano, no pude no despertar a novio en la mitad de la noche para contarle lo indignada que estaba con el final. 

Adiós a las Armas (A Farewell to Arms) es uno de los clásicos de la literatura norteamericana, escrito por Ernest Hemingway en el año 1929. Cuenta la historia de Frederick Henry, un teniente de la Primera Guerra Mundial que, luego de ser herido en una avanzada enemiga, es enviado a un hospital donde se enamora de la enfermera Catherine Barkley (hasta acá venimos bien).



Es un libro fácil de leer y muy entretenido. Lejos de complicarse la vida, se nota en su escritura que Hemingway era un tipo sin muchas vueltas: las cosas se decían como se debían decir y punto. Adiós a las Armas tuvo que ser editado por el uso de palabras que (en su momento) no parecía muy ético decirlo, pero se corre la bola de que todavía andan dando vueltas por el mundo dos versiones originales de la novela.

Me encantó. ¿Por qué? Por la historia (1° Guerra, mucho dato histórico), por su simplicidad a la hora de escribir, y porque es un libro (se podría decir) que medio autobiográfico. Hemingway estuvo en la Primera Guerra como conductor de ambulancias. Al parecer ahí fue donde se enamoró de una enfermera siete años mayor que él que lo dejó plantado en el altar tras decirle que se había comprometido con un oficial italiano (mirá lo que se perdió, la muy zorra JA!).


Así, Hemingway no solo comenzó una vida de romances inconclusos, sinó que también escribió a modo de despecho, una de las más soberbias obras de la literatura mundial. Su estilo sobrio hace que no puedas despegarte de sus hojas, y la narrativa precisa hace que 2 horas de lectura parezcan solo 10 minutos. 

Este libro fue uno de los clásicos que más me gusto. Si, aunque lo hubiera tirado por la ventana al terminar de leerlo. Si, aunque me haya indignado ese final tan simple (despEJEMchoEJEM). Me hubiera gustado que este genio nos siga deleitando con sus obras, pero decidió (como siempre) dejarnos con las ganas. Y Adiós a las Armas es una prueba en papel de esto. 

Albertina. 



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