Payamédicos: anécdotas (tercera y última parte)

Cada hospital al que concurren los payamédicos es un libro lleno de anécdotas lindas y algunas no tan lindas pero cada uno de ellos son contadas desde un punto de vista positivo. Al ser una terapia para todo tipo de edades, las experiencias son variadas. María Fronchkowsky y Laura Stivel forman parte del grupo de chicos que van al hospital Rossi de la ciudad de La Plata. Ambas están en su “payantía” y trabajan en tu mayoría con adultos.

Por lo general todos coinciden en que es mucho más fácil interactuar con los chicos porque que en esa relación no se pone en juego la palabra y está más abierto al juego. Sin embargo los adultos también logran participar desde otro lugar.  Respecto a esto Laura cuenta una de las intervenciones que más le gusto.
 “Una de las intervenciones fue con dos abuelitas, que al verlas desde la puerta dudé mucho de entrar. La imagen no inspiraba mucha alegría y agradezco no haberme dejado llevar por eso, porque entré y esa habitación era una fiesta. No me explicaba de dónde sacaban tanta pila, tanta energía, tanta vida. No me las volví a cruzar pero me acuerdo siempre de esa intervención porque fue muy hermosa. Nos costó muchísimo terminarla, estuvimos como más de media hora ahí con ellas.”
Cada uno tiene una intervención diferente, pero todas tienen algo en común, todas derivaron en risas o en algún progreso. Para María la intervención que más le marco fue  su primera experiencia: el alta de  un joven de 18 años que había estado internado varios días. “Fue muy emocionante porque nos agradeció por haber ido, nos  dijo que nos iban a extrañar y que siempre nos iba a llevar en su corazón” recuerda María con nostalgia.
Josefina Mauro, payamédico del hospital de niños recuerda la intervención que más le gusto  y la llenó de felicidad. La anécdota duro segundos, y de hecho fue la más breve, pero en el momento en el que empezó a contarla  no pararon de brillarle los ojos y no podía dejar de sonreír.
“Me acuerdo una vez que nos había sobrado tiempo y estábamos aprovechando lo que nos quedaba en el pasillo. En una de las galerías encontramos a una mamá que tenía a su hijo  en el quirófano a punto de operar. El nene  no paraba de llorar y ella nos pedía por favor  desesperada que entremos a verlo, entonces una de las chicas preguntó si podíamos entrar y entramos, nos limpiamos bien porque era pre quirúrgico y ahí sentí satisfacción cien por ciento, no lloró más. Nos costó pero, nos agarramos las manos, y le mandábamos fuerza.”


Pero hay muchas más anécdotas que recorren las salas de los hospitales del interior, como la que cuenta  Ana Karina Campestrini,  una dulce paya de Chaco que desde 2010 es Dra. Nita Ferrita.  Actualmente Karina  hace intervenciones en el Hospital Pediátrico Juan Pablo II de la ciudad de Corrientes. Además de ser paya es una formadora Global de Payamedicos y como el resto de los chicos compartió una de las intervenciones que más la marcó.
“Recuerdo la intervención de una nena que padecía (vulgarmente conocido) pie retorcido, que es un defecto de nacimiento en el que el pie se encuentra torcido o invertido y hacia abajo.  Nuestra labor  fue trabajar el autoestima (produciente y mamá) y utilizamos el Payafiltro: No decir palabras negativas, ni nada que haga recordar o remitir al produciente a su enfermedad. Comenzamos a jugar conectando, observando con un discurso potente, positivo, amoroso teniendo en cuenta siempre la Proxemia. Creamos  una historia de Reinas y Princesas que habitaban un castillo de burbujas donde reinaba la alegría y la felicidad.  Contábamos y formábamos el castillo en una gran ronda con burbujas, creábamos un mundo donde ambas comenzaron a sonreír descubriendo la magia de la diversión. La nena que estaba  acostada se sentó en el medio de la cama muy derechita y abriendo su torax , su pecho, dijo, acá estoy YO y  con una gran sonrisa  y una mirada dulce comenzó a moverse.”
Desde ese momento, cuanta Karina que decidió ser formadora y  militar desde la acción, la enseñanza y la filosofía de payamédicos. “Contar esta anécdota hace que contemple mi viaje de sanación y aprendizaje y siento una enorme gratitud hacia todos los seres que han contribuido a mi enriquecimiento interno y personal en este camino que es PAYAMEDICOS” cuenta agradecida la formadora.
                                                         Ana Karina Campestrin, formadora de payamedicos en Chaco y Corrientes. 


Payamédicos logra transformar  y embellecen las salas que por lo general son vistas como lugares traumáticos y dolorosos  a través de la fantasía, del juego y de ese otro mundo paralelo que muestran.  . Llega para revivir los corredores tristes con luces tenues y paredes opacas, para hacer ruido, para llevar alegría, color, esperanza, para tapar soledades y para demostrar que se puede salir de un mal momento con solo una sonrisa.

Vuelvo a agradecer, en este caso a los paya que me contaron estas lindas anécdotas, por problemas de entendimiento de facebook recién ahora encontré el mensaje de Karina, que lamento no haber podido darle más espacio en la crónica pero que mejor historia para contar que un momento lindo de ella. 

Ramona. 

Cada hospital al que concurren los payamédicos es un libro lleno de anécdotas lindas y algunas no tan lindas pero cada uno de ellos son contadas desde un punto de vista positivo. Al ser una terapia para todo tipo de edades, las experiencias son variadas. María Fronchkowsky y Laura Stivel forman parte del grupo de chicos que van al hospital Rossi de la ciudad de La Plata. Ambas están en su “payantía” y trabajan en tu mayoría con adultos.

Por lo general todos coinciden en que es mucho más fácil interactuar con los chicos porque que en esa relación no se pone en juego la palabra y está más abierto al juego. Sin embargo los adultos también logran participar desde otro lugar.  Respecto a esto Laura cuenta una de las intervenciones que más le gusto.
 “Una de las intervenciones fue con dos abuelitas, que al verlas desde la puerta dudé mucho de entrar. La imagen no inspiraba mucha alegría y agradezco no haberme dejado llevar por eso, porque entré y esa habitación era una fiesta. No me explicaba de dónde sacaban tanta pila, tanta energía, tanta vida. No me las volví a cruzar pero me acuerdo siempre de esa intervención porque fue muy hermosa. Nos costó muchísimo terminarla, estuvimos como más de media hora ahí con ellas.”
Cada uno tiene una intervención diferente, pero todas tienen algo en común, todas derivaron en risas o en algún progreso. Para María la intervención que más le marco fue  su primera experiencia: el alta de  un joven de 18 años que había estado internado varios días. “Fue muy emocionante porque nos agradeció por haber ido, nos  dijo que nos iban a extrañar y que siempre nos iba a llevar en su corazón” recuerda María con nostalgia.
Josefina Mauro, payamédico del hospital de niños recuerda la intervención que más le gusto  y la llenó de felicidad. La anécdota duro segundos, y de hecho fue la más breve, pero en el momento en el que empezó a contarla  no pararon de brillarle los ojos y no podía dejar de sonreír.
“Me acuerdo una vez que nos había sobrado tiempo y estábamos aprovechando lo que nos quedaba en el pasillo. En una de las galerías encontramos a una mamá que tenía a su hijo  en el quirófano a punto de operar. El nene  no paraba de llorar y ella nos pedía por favor  desesperada que entremos a verlo, entonces una de las chicas preguntó si podíamos entrar y entramos, nos limpiamos bien porque era pre quirúrgico y ahí sentí satisfacción cien por ciento, no lloró más. Nos costó pero, nos agarramos las manos, y le mandábamos fuerza.”


Pero hay muchas más anécdotas que recorren las salas de los hospitales del interior, como la que cuenta  Ana Karina Campestrini,  una dulce paya de Chaco que desde 2010 es Dra. Nita Ferrita.  Actualmente Karina  hace intervenciones en el Hospital Pediátrico Juan Pablo II de la ciudad de Corrientes. Además de ser paya es una formadora Global de Payamedicos y como el resto de los chicos compartió una de las intervenciones que más la marcó.
“Recuerdo la intervención de una nena que padecía (vulgarmente conocido) pie retorcido, que es un defecto de nacimiento en el que el pie se encuentra torcido o invertido y hacia abajo.  Nuestra labor  fue trabajar el autoestima (produciente y mamá) y utilizamos el Payafiltro: No decir palabras negativas, ni nada que haga recordar o remitir al produciente a su enfermedad. Comenzamos a jugar conectando, observando con un discurso potente, positivo, amoroso teniendo en cuenta siempre la Proxemia. Creamos  una historia de Reinas y Princesas que habitaban un castillo de burbujas donde reinaba la alegría y la felicidad.  Contábamos y formábamos el castillo en una gran ronda con burbujas, creábamos un mundo donde ambas comenzaron a sonreír descubriendo la magia de la diversión. La nena que estaba  acostada se sentó en el medio de la cama muy derechita y abriendo su torax , su pecho, dijo, acá estoy YO y  con una gran sonrisa  y una mirada dulce comenzó a moverse.”
Desde ese momento, cuanta Karina que decidió ser formadora y  militar desde la acción, la enseñanza y la filosofía de payamédicos. “Contar esta anécdota hace que contemple mi viaje de sanación y aprendizaje y siento una enorme gratitud hacia todos los seres que han contribuido a mi enriquecimiento interno y personal en este camino que es PAYAMEDICOS” cuenta agradecida la formadora.
                                                         Ana Karina Campestrin, formadora de payamedicos en Chaco y Corrientes. 


Payamédicos logra transformar  y embellecen las salas que por lo general son vistas como lugares traumáticos y dolorosos  a través de la fantasía, del juego y de ese otro mundo paralelo que muestran.  . Llega para revivir los corredores tristes con luces tenues y paredes opacas, para hacer ruido, para llevar alegría, color, esperanza, para tapar soledades y para demostrar que se puede salir de un mal momento con solo una sonrisa.

Vuelvo a agradecer, en este caso a los paya que me contaron estas lindas anécdotas, por problemas de entendimiento de facebook recién ahora encontré el mensaje de Karina, que lamento no haber podido darle más espacio en la crónica pero que mejor historia para contar que un momento lindo de ella. 

Ramona. 

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