No sos Mamá Lucchetti.




Si tuviera que hacer una carta a mi yo pequeña (que no difiere mucho a la que soy ahora) empezaría así:

Pequeña Albertina: Nunca trates de cocinar. El destino no nos dio esa habilidad. Por eso evita cualquier contacto con las ollas. Te ahorraras unos cuantos dedos cortados. Besos, Albertina Grande.

Todo bien con la cocina, pero asumo que no es lo mío. La primera vez que tuve contacto con ella la pase mal. Mi prima todavía tiene la marca en el pecho del pochoclo que salto de la olla cuando abrí la tapa. Lo juro. Imaginen lo que fue venir para acá y tener que cocinarme yo sola: Un peligro para la humanidad. Lejos de querer prender fuego la cocina (literalmente) una vez intente hacer un bife. Lo llamé a mi viejo desesperada (hace unos asado que dios me libre) pidiendo instrucciones y lo único que obtuve fueron risas. Si, tras que soy colgada me puse a hablar por teléfono con el y me olvide que el horno era de la doña de la pensión. Sabes como corrió la vieja cuando vio el humo en la cocina? No le daban las patas. Yo no me había dado cuenta...

Mis mejores amigos? La licuadora, la tostadora, el microondas, la juguera. Con la cafetera se complica, no nos entendemos demaciado.

Decidí que estaba destinada a ensaladas, panchos y comidas de delivery hasta que llegó... chanananaaaa.. EL MORENITO A MI VIDA! Y no el morenito de la plata propiamente dicho (que créanme que me salvo de unas cuantas), sino mi novio. Si chicas, háganla fácil. Ni bien me conoció supo que era un desastre caminando en dos patas e intento darme unas lecciones de cocina que terminaron conmigo en la computadora o bailando en el comedor.

Igual no soy de las que se rinden faciles, asi que una de dos: O aprendo a cocinar y subo esas recetas que puede entender hasta una nena de dos años para las que la pasan tan mal cuando tienen que cocinar como yo, o muero quemada en el intento. Esperemos que sea la primera.




Si tuviera que hacer una carta a mi yo pequeña (que no difiere mucho a la que soy ahora) empezaría así:

Pequeña Albertina: Nunca trates de cocinar. El destino no nos dio esa habilidad. Por eso evita cualquier contacto con las ollas. Te ahorraras unos cuantos dedos cortados. Besos, Albertina Grande.

Todo bien con la cocina, pero asumo que no es lo mío. La primera vez que tuve contacto con ella la pase mal. Mi prima todavía tiene la marca en el pecho del pochoclo que salto de la olla cuando abrí la tapa. Lo juro. Imaginen lo que fue venir para acá y tener que cocinarme yo sola: Un peligro para la humanidad. Lejos de querer prender fuego la cocina (literalmente) una vez intente hacer un bife. Lo llamé a mi viejo desesperada (hace unos asado que dios me libre) pidiendo instrucciones y lo único que obtuve fueron risas. Si, tras que soy colgada me puse a hablar por teléfono con el y me olvide que el horno era de la doña de la pensión. Sabes como corrió la vieja cuando vio el humo en la cocina? No le daban las patas. Yo no me había dado cuenta...

Mis mejores amigos? La licuadora, la tostadora, el microondas, la juguera. Con la cafetera se complica, no nos entendemos demaciado.

Decidí que estaba destinada a ensaladas, panchos y comidas de delivery hasta que llegó... chanananaaaa.. EL MORENITO A MI VIDA! Y no el morenito de la plata propiamente dicho (que créanme que me salvo de unas cuantas), sino mi novio. Si chicas, háganla fácil. Ni bien me conoció supo que era un desastre caminando en dos patas e intento darme unas lecciones de cocina que terminaron conmigo en la computadora o bailando en el comedor.

Igual no soy de las que se rinden faciles, asi que una de dos: O aprendo a cocinar y subo esas recetas que puede entender hasta una nena de dos años para las que la pasan tan mal cuando tienen que cocinar como yo, o muero quemada en el intento. Esperemos que sea la primera.

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