Marta



Teníamos 15 años. Ganas de vivir y unas cuantas sonrisas en el bolsillo (que todavía siguen ahí, guardaditas). Ella no sabía que yo existía. Yo sí, y eso que soy un poquito menos observadora y ella se supone que es la mamá. Lo que yo no sabía era quien iba a ser para mí. Consejera, psicóloga, madre, hermana, amiga, compinche, colega, compañera de ruta. Teníamos 15 años y un montón de sueños por cumplir (todavía insisto en que vamos a vivir juntas). Y me tuve que ir. Y se tuvo que quedar. Y quizás sí, cambiamos. O crecimos. Pero juntas. Le falta de acá, le sobra de allá. Retocándolo. Pero siempre juntas. 



Teníamos 15 años. Ganas de vivir y unas cuantas sonrisas en el bolsillo (que todavía siguen ahí, guardaditas). Ella no sabía que yo existía. Yo sí, y eso que soy un poquito menos observadora y ella se supone que es la mamá. Lo que yo no sabía era quien iba a ser para mí. Consejera, psicóloga, madre, hermana, amiga, compinche, colega, compañera de ruta. Teníamos 15 años y un montón de sueños por cumplir (todavía insisto en que vamos a vivir juntas). Y me tuve que ir. Y se tuvo que quedar. Y quizás sí, cambiamos. O crecimos. Pero juntas. Le falta de acá, le sobra de allá. Retocándolo. Pero siempre juntas. 

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